HERMANOS EN CRISTO (Colosenses 1:2)
No hace mucho tiempo, que un hermano en Cristo, muy respetado, valorado y querido por mí, me expuso la siguiente cuestión o pregunta: Crees tu hermano Fco., que debo seguir considerando a los hermanos “X” como hermanos en Cristo, aunque discrepemos en algunas doctrinas y enseñanzas.
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En principio les expondré dos textos, que son muy reveladores, para que fijemos la posición y criterio a tener.
1.- “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (2ª Timoteo 2:19)
2.- “Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.” (2ª Corintios 10:7)
Es evidente y por los textos que les he expuesto, que ellos, revelan con toda claridad, que tan solo sabe Dios quiénes son sus hijos, y que nosotros, no juzgando por las apariencias, y estando persuadidos de que somos de Cristo, debiéramos pensar y no dudar, que quién está al lado de nosotros, también él está persuadido que es de Cristo.
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No hace mucho, que leí un artículo en Internet, en el que se decía, que estimativamente, se calcula que en el día de hoy, hay más de dos mil millones de personas, que confiesan ser cristianas.
¡Parece ser, que esta Cristiandad, no es “LA MANADA PEQUEÑA”! (Lucas 12:32).
Así, que me pregunto: ¿Qué es lo que tienen en común?
Bíblicamente, en la unidad del Espíritu y en el vínculo de la paz, debieran tener en común (Efesios 4:5-6):
UN SEÑOR.- La inmensa mayoría creen en un Señor, el cuál fue engendrado (¿biológicamente?) del Espíritu Santo en María virgen; y por consiguiente, muy diferente al profetizado en las Escrituras, que por vía paterna, debía de venir, del linaje (sperma) de David, según la carne (Romanos 1:3); y en el que creen una minoría, “la manada pequeña”.
UNA FE.- Tan solo unos pocos (“la manada pequeña”), son los que creen firmemente en el evangelio que le fue revelado al apóstol Pablo, por Jesús Cristo (Gálatas 1:12), mientras, que el resto de la Cristiandad, dio pábulo a unos textos insertados a finales del Siglo II y en los Evangelios (Mateo y Lucas), que diciendo lo contrario, sirvió para que se generaran, proclamaran y dogmatizaran unos credos (Niceno y de San Atanasio), dando pie, al primer dogma, el Dogma de la Trinidad, causante de que miles de cristianos fueran martirizados e inmolados. Aún así, algunos cristianos (“la manada pequeña”), siguieron negando la Trinidad y el pilar fundamental por el que se genera este dogma, el cual no es otro, que el nacimiento virginal de Jesús. Esto obligó a la Iglesia Católica-Romana, a tener que promulgar, a mediados del Siglo VII y en el Concilio de Letrán, el Dogma del Nacimiento Virginal de Jesús. Posteriormente, la mayoría de las hijas de esta Iglesia Católica-Romana, asumieron estos dogmas; y otras, niegan el Dogma de la Trinidad, pero sin embargo asumen el del Nacimiento Virginal de Jesús.
En definitiva, salvo unos pocos (“la manada pequeña”), el resto de la Cristiandad vive en una fe dogmatizada, surgida de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Colosenses 2:8).
UN BAUTISMO (Uno).- Un bautismo, que precisamente no es “el bautismo en agua”, sino el bautismo en Cristo Jesús, en su muerte (Romanos 6:3); o dicho de otro modo, el bautismo de Jesús, en Espíritu Santo.
Los predicadores y bautizadores ponen el énfasis en el bautismo en agua, el cual es un rudimento de la doctrina de Cristo, que debemos dejar (Hebreos 6:1); pero que ellos no lo dejan, porque es su prurito. Ellos, tienen un deseo constante y hasta excesivo, de bautizar en agua (a cuantos más mejor), y estando convencidos, de que este es el modo, de que su trabajo sea completo y perfecto.
¡EL BAUTISMO EN AGUA NO SALVA, SOLO SALVA, EL BAUTISMO DE JESÚS EN ESPÍRITU SANTO!
¿POR QUÉ NO HABLAN DEL BAUTISMO DE JESÚS EN ESPÍRITU SANTO?
¡PERMÍTANME, QUE NO EXPRESE LO QUE PIENSO!
La inmensa mayoría de la Cristiandad, cree en este bautismo en agua, celebrándolo, expidiendo partidas de bautismo, certificados, títulos, etc.; mientras que unos pocos, “la manada pequeña”, creen en el único bautismo, en el bautismo de Jesús, en Espíritu Santo.
UN DIOS Y PADRE DE TODOS.- Tan solo unos pocos (“la manada pequeña”), son los que creen en un solo Dios, en el Único Dios Verdadero y que no hay otro fuera de Él. Por el contrario, la inmensa mayoría de la Cristiandad, creen en tres Dioses, y es frecuente el oírles pronunciar frases, como las siguiente: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.
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A pesar de lo anteriormente expuesto, les diré, que tengo siempre presente, el versículo siguiente: “Y oí otra voz del cielo, que decía: SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;” (Apocalipsis 18:4).
La Iglesia de Dios, siempre ha sido una “manada pequeña”, amada del Señor, perseguida de los hombres, y que durante más de doce siglos, fue cruelmente perseguida, martirizada e inmolada. En la actualidad y desde la Reforma, “la manada pequeña”, no está siendo martirizada al modo de antaño; pero que al no comulgar con dogmas, líneas de doctrina y pensamiento único, la Cristiandad, los considera herejes, y por consiguiente, recibiendo de parte de ellos, el rechazo y la desafección.
Y para concluir y contestando a la cuestión o pregunta, que mi respetado, valorado y querido hermano en Cristo me hizo, les diré, que no es fácil, el dar una respuesta.
Lo primero que me viene a la memoria son mis progenitores.
Mi padre, nunca me habló de dogmas, y hasta yo diría que los rechazaba; pero como era una persona humilde, nunca entró en debate con nadie. Tenía un conocimiento grandísimo de las Escrituras; y lo sé, porque conservo escritos de él, que tan solo son posibles escribirlos desde la guía y dirección del Espíritu Santo. Era un hijo de Dios y discípulo de Cristo, de mucha y continua oración, y que en su aposento acostumbraba hacerlo de rodillas. Al final de sus años, por motivos de salud, y quizá también, porque estaba percibiendo cosas nuevas y extrañas doctrinas en la congregación, dejó de reunirse regularmente. Por el contrario, mi madre, la anciana de la congregación, se reunió hasta el último día, y en la iglesia de siempre, una Iglesia de denominación Bautista.
Estoy absolutamente convencido, que mis progenitores, además de ser mis padres, fueron y son también hermanos míos en Cristo; y que actualmente, ausentes del cuerpo, están presentes al Señor.
Del mismo modo, que pienso así de mis padres, creo y tal como dice la Palabra, que dentro de esta Cristiandad hay pueblo de Dios, y por consiguiente, hermanos en Cristo.
Personalmente, respeto toda opinión y libertad de conciencia; y es por ello, que si alguien tiene un discernimiento de textos bíblicos que difieren del que yo tengo, que sepa que le respeto, y que las diferencias, nunca serán causa y motivo, que me lleven a dudar de que sea un hermano en Cristo.
Ahora bien, no puedo evitar, el que para otros, sea causa y motivo por el cual me rechacen, mostrándome desafección o falta de amor.
Y finalizando, recordarles, que el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello, conoce el Señor a los que son suyos; y que si estoy persuadido en mi mismo que soy de Cristo, no soy quien para dudar o negar, que el que está a mi lado, también lo es.
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En principio les expondré dos textos, que son muy reveladores, para que fijemos la posición y criterio a tener.
1.- “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (2ª Timoteo 2:19)
2.- “Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.” (2ª Corintios 10:7)
Es evidente y por los textos que les he expuesto, que ellos, revelan con toda claridad, que tan solo sabe Dios quiénes son sus hijos, y que nosotros, no juzgando por las apariencias, y estando persuadidos de que somos de Cristo, debiéramos pensar y no dudar, que quién está al lado de nosotros, también él está persuadido que es de Cristo.
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No hace mucho, que leí un artículo en Internet, en el que se decía, que estimativamente, se calcula que en el día de hoy, hay más de dos mil millones de personas, que confiesan ser cristianas.
¡Parece ser, que esta Cristiandad, no es “LA MANADA PEQUEÑA”! (Lucas 12:32).
Así, que me pregunto: ¿Qué es lo que tienen en común?
Bíblicamente, en la unidad del Espíritu y en el vínculo de la paz, debieran tener en común (Efesios 4:5-6):
UN SEÑOR.- La inmensa mayoría creen en un Señor, el cuál fue engendrado (¿biológicamente?) del Espíritu Santo en María virgen; y por consiguiente, muy diferente al profetizado en las Escrituras, que por vía paterna, debía de venir, del linaje (sperma) de David, según la carne (Romanos 1:3); y en el que creen una minoría, “la manada pequeña”.
UNA FE.- Tan solo unos pocos (“la manada pequeña”), son los que creen firmemente en el evangelio que le fue revelado al apóstol Pablo, por Jesús Cristo (Gálatas 1:12), mientras, que el resto de la Cristiandad, dio pábulo a unos textos insertados a finales del Siglo II y en los Evangelios (Mateo y Lucas), que diciendo lo contrario, sirvió para que se generaran, proclamaran y dogmatizaran unos credos (Niceno y de San Atanasio), dando pie, al primer dogma, el Dogma de la Trinidad, causante de que miles de cristianos fueran martirizados e inmolados. Aún así, algunos cristianos (“la manada pequeña”), siguieron negando la Trinidad y el pilar fundamental por el que se genera este dogma, el cual no es otro, que el nacimiento virginal de Jesús. Esto obligó a la Iglesia Católica-Romana, a tener que promulgar, a mediados del Siglo VII y en el Concilio de Letrán, el Dogma del Nacimiento Virginal de Jesús. Posteriormente, la mayoría de las hijas de esta Iglesia Católica-Romana, asumieron estos dogmas; y otras, niegan el Dogma de la Trinidad, pero sin embargo asumen el del Nacimiento Virginal de Jesús.
En definitiva, salvo unos pocos (“la manada pequeña”), el resto de la Cristiandad vive en una fe dogmatizada, surgida de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Colosenses 2:8).
UN BAUTISMO (Uno).- Un bautismo, que precisamente no es “el bautismo en agua”, sino el bautismo en Cristo Jesús, en su muerte (Romanos 6:3); o dicho de otro modo, el bautismo de Jesús, en Espíritu Santo.
Los predicadores y bautizadores ponen el énfasis en el bautismo en agua, el cual es un rudimento de la doctrina de Cristo, que debemos dejar (Hebreos 6:1); pero que ellos no lo dejan, porque es su prurito. Ellos, tienen un deseo constante y hasta excesivo, de bautizar en agua (a cuantos más mejor), y estando convencidos, de que este es el modo, de que su trabajo sea completo y perfecto.
¡EL BAUTISMO EN AGUA NO SALVA, SOLO SALVA, EL BAUTISMO DE JESÚS EN ESPÍRITU SANTO!
¿POR QUÉ NO HABLAN DEL BAUTISMO DE JESÚS EN ESPÍRITU SANTO?
¡PERMÍTANME, QUE NO EXPRESE LO QUE PIENSO!
La inmensa mayoría de la Cristiandad, cree en este bautismo en agua, celebrándolo, expidiendo partidas de bautismo, certificados, títulos, etc.; mientras que unos pocos, “la manada pequeña”, creen en el único bautismo, en el bautismo de Jesús, en Espíritu Santo.
UN DIOS Y PADRE DE TODOS.- Tan solo unos pocos (“la manada pequeña”), son los que creen en un solo Dios, en el Único Dios Verdadero y que no hay otro fuera de Él. Por el contrario, la inmensa mayoría de la Cristiandad, creen en tres Dioses, y es frecuente el oírles pronunciar frases, como las siguiente: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.
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A pesar de lo anteriormente expuesto, les diré, que tengo siempre presente, el versículo siguiente: “Y oí otra voz del cielo, que decía: SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;” (Apocalipsis 18:4).
La Iglesia de Dios, siempre ha sido una “manada pequeña”, amada del Señor, perseguida de los hombres, y que durante más de doce siglos, fue cruelmente perseguida, martirizada e inmolada. En la actualidad y desde la Reforma, “la manada pequeña”, no está siendo martirizada al modo de antaño; pero que al no comulgar con dogmas, líneas de doctrina y pensamiento único, la Cristiandad, los considera herejes, y por consiguiente, recibiendo de parte de ellos, el rechazo y la desafección.
Y para concluir y contestando a la cuestión o pregunta, que mi respetado, valorado y querido hermano en Cristo me hizo, les diré, que no es fácil, el dar una respuesta.
Lo primero que me viene a la memoria son mis progenitores.
Mi padre, nunca me habló de dogmas, y hasta yo diría que los rechazaba; pero como era una persona humilde, nunca entró en debate con nadie. Tenía un conocimiento grandísimo de las Escrituras; y lo sé, porque conservo escritos de él, que tan solo son posibles escribirlos desde la guía y dirección del Espíritu Santo. Era un hijo de Dios y discípulo de Cristo, de mucha y continua oración, y que en su aposento acostumbraba hacerlo de rodillas. Al final de sus años, por motivos de salud, y quizá también, porque estaba percibiendo cosas nuevas y extrañas doctrinas en la congregación, dejó de reunirse regularmente. Por el contrario, mi madre, la anciana de la congregación, se reunió hasta el último día, y en la iglesia de siempre, una Iglesia de denominación Bautista.
Estoy absolutamente convencido, que mis progenitores, además de ser mis padres, fueron y son también hermanos míos en Cristo; y que actualmente, ausentes del cuerpo, están presentes al Señor.
Del mismo modo, que pienso así de mis padres, creo y tal como dice la Palabra, que dentro de esta Cristiandad hay pueblo de Dios, y por consiguiente, hermanos en Cristo.
Personalmente, respeto toda opinión y libertad de conciencia; y es por ello, que si alguien tiene un discernimiento de textos bíblicos que difieren del que yo tengo, que sepa que le respeto, y que las diferencias, nunca serán causa y motivo, que me lleven a dudar de que sea un hermano en Cristo.
Ahora bien, no puedo evitar, el que para otros, sea causa y motivo por el cual me rechacen, mostrándome desafección o falta de amor.
Y finalizando, recordarles, que el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello, conoce el Señor a los que son suyos; y que si estoy persuadido en mi mismo que soy de Cristo, no soy quien para dudar o negar, que el que está a mi lado, también lo es.

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